Atahualpa

Atahualpa

Atahualpa fue el décimo tercer soberano inca, y pese a que tuvo sucesores nombrados por los españoles, es considerado como el último gobernante del Imperio inca.

Atahualpa fue hijo de Huayna Cápac y Tocto Coca, nieta del Inca Pachacútec. Nació en el Cusco, pero desde niño residió en Tumibamba y Quito acompañando a su padre en las campañas del norte. Siendo joven mostró valentía, inteligencia y carisma, por lo que se convirtió en uno de los hijos predilectos del Sapa Inca; muy querido, además, por la nobleza norteña y los principales generales de la región.

Infancia y juventud

Las crónicas más confiables (Cieza, Sarmiento y Betanzos) coinciden en que, durante su infancia, Atahualpa estuvo con su padre Huayna Cápac en el Cusco, donde recibió la educación que le correspondía en su condición de noble. Al comenzar su adolescencia, pasó por el rito de iniciación del warachikuy. Luego, junto con su hermano Ninan Cuyuchi, acompañó a su padre en la marcha apresurada a las provincias del norte del imperio (región de Quito), al frente del ejército incaico, cuando llegó la noticia de una rebelión de caranquis y cayambis. Quedaron en el Cusco cuatro gobernadores, entre ellos Huáscar, otro de los hijos de Huayna Cápac.

Atahualpa acompañó a su padre en Quito durante más de diez años, ayudándole a sofocar las rebeliones y a conquistar nuevas tierras, contando con el apoyo de hábiles generales incas, como Calcuchimac y Quisquis. De esa manera, aprendió las tareas del gobierno y ganó prestigio por el valor que desplegaba en las acciones bélicas.

Los cronistas describen a Atahualpa como alguien de «vivos razonamientos y con mucha autoridad».

Primeras participaciones militares

En Quito, Huayna Cápac encargó a Atahualpa el mando de una campaña militar para someter a los punaneños (del Golfo de Guayaquil) quienes se negaban a pagar sus tributos (esto refuerza la idea que Atahualpa no es Quiteño, pues… ¿Cómo se encargaría a alguien aplastar rebeliones de sus coterráneos?).

Fue en esta permanencia de más de 10 años junto a su padre y los hábiles generales como Chalcuchímac y Quisquis que Atahualpa aprendió el arte de la administración y el gobierno; los cronistas lo describían intelectualmente como alguien de «vivos razonamientos y con mucha autoridad».

Hacia 1490 el Sapa Túpac Inca Yupanqui inició la conquista de la región del actual Ecuador, sin embargo, el dominio no quedo asegurado, su hijo y sucesor Huayna Cápac alrededor de 1515 tuvo que organizar un ejército de 200 mil hombres para someter las constantes revueltas de los pueblos de la zona, afectando principalmente Quito, Tomebamba, Puná, Tumbes y Pastos. Acompañándolo en sus campañas estuvieron sus hijos Ninan Cuyuchi y Atahualpa junto a sus mejores generales, dejando en Cusco a Huáscar (o Topa Cusi Huallpa) con tres orejones (nobles), HilaquitaAuqui Topa Inca y Tito Atauchi, a cargo de la administración de la capital.

De este modo se pasó el Inca sofocando rebeliones o conquistando nuevas tierras. En 1525 se produjo una epidemia de una enfermedad desconocida para los incas, identificada por los historiadores posteriores usualmente con la viruela o el sarampión, de la que murió el Sapa Túpac Inca Yupanqui en Quito, y antes de morir, había designado como príncipe sucesor a Ninan Cuyuchi, pero este también había enfermado y muerto en Tomebamba sin que lo supiera su padre. Aunque un grupo de curacas intento mantener en secreto la muerte del Inca y su sucesor para evitar rebeliones Huáscar se enteró por medio de su madre que viajó rápidamente a Cusco. La peste había matado también a dos de los orejones regentes en la capital, dejando como la mejor opción al príncipe cusqueño para suceder a su padre, siendo elegido por los nobles de la ciudad. Atahualpa, en tanto, pasó desapercibido políticamente, pues se encontraba en campaña junto al ejército sofocando rebeliones de una manera sangrienta, para que cundiese el ejemplo en los demás pueblos, de no rebelarse a la autoridad del Inca. Era el preferido de los mandos militares y los comandantes más influyentes y capaces.

Cuestiones sobre la captura

El tema de la captura de Atahualpa desde los primeros cronistas ha tenido una sola versión, la de los vencedores: el pánico que se desata en las fuerzas incaicas ante el estrépito de los cañones que a fuego abren paso a la caballería española en el mar humano que protegía al Inca. Tanto la caballería como las armas de fuego son desconocidas en la América indígena, y por ello se entiende el pánico de las fuerzas indígenas antes este fenómeno que ocurría frente a ellos. Lo que algunos historiadores no reconocen es la participación de fuerzas indígenas beligerantes al imperio Inca que brindan su apoyo al invasor español, y que serían las que por sus conocimientos sobre el imperio incaico, y sobre la zona en conflicto, entregarían al Inca Atahualpa a los españoles.

Prisión y muerte de Atahualpa

Atahualpa fue apresado en un palacio de Cajamarca; según Guamán Poma de Ayala estuvo sumergido en una época de depresión porque le quitaron a su coya (mujer), su riqueza y su reino. Cuenta que lloró, no comió mucho y dormía poco. En prisión, Atahualpa organizó a espaldas de los españoles dos ejércitos, uno bajo el mando de Chalcuchímac para que fuese a Cajamarca a liberarlo y el otro bajo el mando de Quisquis para que tomase Cusco y eliminara cualquier vestigio de Huáscar. Estando preso se hizo amigo de Pizarro, y le tuvo admiración a Hernando Pizarro, de quien dijo era un gran señor. También jugaba mucho a la «Taptana», un juego de mesa inca que algunos historiadores confundieron con el ajedrez. Según crónicas, aprendió castellano en veinte días.

La muerte de Atahualpa

En prisión, Atahualpa ofreció a cambio de su liberación llenar dos habitaciones de plata y una de oro «hasta donde alcanzara su mano», los españoles aceptaron y de inmediato se mandó la orden a todo el imperio inca de que enviasen la mayor cantidad posible de oro y plata hacia Cajamarca. Después de cumplir su parte los españoles lo sentenciaron a muerte por idolatría, fratricidio, poligamia, incesto y lo acusaron de ocultar un tesoro.

Se le concedieron las dos últimas opciones: ser bautizado como cristiano y luego ahorcado o ser quemado vivo. Al escoger la primera opción fue bautizado con el nombre cristiano de Francisco. Se cree que Francisco Pizarro lloró su muerte. (Pedro Pizarro narra en su crónica: «yo vi llorar al Marqués»).

Fue ejecutado el 26 de julio de 1533. La noticia de su muerte originó una gran anarquía, muchas etnias dominadas por los incas se sublevaron e intentaron recuperar su independencia.

Fue enterrado en la iglesia de Cajamarca pero unos días después su cadáver desapareció misteriosamente; probablemente sus súbditos lo rescataron para momificarlo y enterrarlo junto con sus antepasados.

Tras su muerte, muchos incas partidarios de Huáscar (como Manco Inca) se unieron a los españoles para derrotar a Chalcuchimac, Quisquis y los demás partidarios de Atahualpa.

Descendencia

El cronista Juan de Velasco afirma que tuvo varios hijos en su primera mujer, Mama Cori Duchicela, que era su hermana, siendo su primogénito Hualpa Cápac. Según el mismo cronista, Hualpa Cápac le sucedió en el trono de Quito, hasta que el general Rumiñahui usurpó el reino y mató a todos los hijos de Atahualpa.

Existe constancia de que, en abril de 1555, se presentaron ante la Real Audiencia de Lima, Diego Ilaquita, Francisco Ninancoro y Juan Quispi Túpac, quienes afirmaron ser hijos de Atahualpa en las ñustas Chuqui Suyo (Chuquesuyo), Chumbi Carhua (Chumbicarua) y Nance Coca (Nançe Cuca), respectivamente, solicitando se les reconociera tal filiación. El documento fue descubierto por Marcos Jiménez de la Espada, y lleva por título Probança hecha en (la ciudad de) los Reyes a pedimento de Don Diego Ilaquita, hijo natural de Don Francisco Atabalipa, señor que fue destos reynos a la entrada de los españoles, y especialmente de las provincias de Quito, por mandado y sucesión de Guaynacaba, su padre.

El cronista Martín de Murúa cuenta también que Atahualpa dejó una hija, que se casó con el español Blas Gómez (Historia general del Perú, libro I, capítulo LXIII); por otros documentos se sabe que su nombre era Beatriz o Isabel.

Cultura popular

Muerte de Atahualpa, según dibujo de Felipe Guamán Poma de Ayala. Pese a que en realidad fue estrangulado, una versión indígena afirmaba que el inca había sido decapitado y descuartizado; versión que adoptó el mito del Inkarri o del retorno del Inca.

En algunos pueblos indígenas del Perú y los huilliches del sur de Chile se cree de que el Rey Inca, o Rey Inca Atahualpa, retornará un día para gobernarlos con justicia y darles bienestar.

En el Perú, esta creencia se conoce como el mito del Inkarri, que tiene diversas variantes. En general, se afirma que el inca fue descuartizado y su cabeza enterrada en el Cusco; aparentemente ha ido cayendo en el olvido, junto con su ley. Pero aún subsiste bajo la tierra; sus cabellos siguen creciendo en dirección donde están los pies y los demás miembros y llegará el día en que volverá a integrarse y regresará para restaurar el orden del mundo andino quebrado por la invasión española. Se trata de una especie de mesianismo andino, influenciado por el cristianismo.

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