José Luis Bustamante y Rivero (periodo: 1945 – 1948)

José Luis Bustamante y Rivero (periodo: 1945 – 1948)

José Luis Bustamante y Rivero nació en Arequipa, Perú, 15 de enero de 1894, abogado, político, diplomático y escritor peruano. Fue Presidente Constitucional de la República del Perú de 1945 a 1948, y presidente de la Corte Internacional de Justicia entre 1967 y 1969.

Fue catedrático de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa (1921 y 1934), y apoyó activamente el golpe de Estado que derrocó al gobierno autoritario de Augusto Bernardino Leguía, al quien le escribió una elegante carta, en la que el caudillo del levantamiento, Luis Miguel Sánchez Cerro, le exigía su renuncia.

Luego de ello, fue designado Ministro de Educación en el gobierno de facto de Luis Miguel Sánchez Cerro (1930) y embajador en Bolivia y Uruguay.

Presidente del Perú

José Luis Bustamante y Rivero juramentó la presidencia del país el 28 de julio de 1945. Su primer vicepresidente era el poeta José Gálvez Barrenechea. Su primer gabinete ministerial lo presidió el arequipeño Rafael Belaunde Diez Canseco.

José Luis Bustamante y Rivero deseaba que imperara en el Perú una democracia auténtica, con reformas sociales que llegaran a todos sus habitantes. Pero desde el primer momento tuvo que enfrentar problemas económicos y sociales, como consecuencia de la segunda guerra mundial que por esos días ya finalizaba. Escaseaban los productos alimenticios; había dificultades para el desarrollo de las industrias nacionales; escaseaba la moneda extranjera, entre otras situaciones que acentuaron la crisis económica que ya se perfilaba desde el final del primer gobierno de Prado, trayendo como inevitable secuela el malestar social.

Crisis política

Sufrió la oposición de la oligarquía tradicional, que miraba con malos ojos los planes renovadores de José Luis Bustamante y Rivero, así como a algunas de sus políticas económicas, como el control de cambios, que afectaba directamente a los bolsillos de los exportadores.

El malestar político llegó a su punto culminante con el asesinato de Francisco Graña Garland, un importante empresario que era presidente del directorio del diario La Prensa (7 de enero de 1947). Como dicho diario realizaba entonces una persistente campaña antiaprista, se acusó del crimen a los apristas.

El sector antiaprista, encabezado por Pedro G. Beltrán, arremetió entonces contra el aprismo, comparando el homicidio con el de Antonio Miró Quesada de la Guerra, el director de El Comercio, que fuera victimado por Carlos Steer Lafont, un joven aprista, en 1935.

El “crimen Graña” significó el comienzo de la ruptura entre Bustamante y el APRA. El gabinete ministerial que presidía el doctor Julio Ernesto Portugal renunció y se conformó otro, presidido por el contralmirante José R. Alzamora.

La crisis política llegó a un momento crucial al producirse una inusitada huelga parlamentaria, manipulada por un grupo de senadores denominados «independientes» (antiapristas), quienes se negaron a concurrir al Senado el 28 de julio de 1947 para instalar el Congreso de ese año.

La Constitución establecía que ambas cámaras del Congreso, la de senadores y la de diputados, debían funcionar simultáneamente; de lo contrario, se producía el receso parlamentario. José Luis Bustamante y Rivero gobernó entonces sin Parlamento, pues no podía hacer otra cosa, y el APRA lo acusó de haber maquinado todo ello para inmovilizar a la oposición.

A fines de octubre de 1947 se conformó otro gabinete, predominantemente militar, presidido por el contralmirante Roque A. Saldías, e integrado por el general Manuel A. Odría como ministro de Gobierno y Policía.

Este gabinete tuvo que hacer frente a la difícil situación creada por la exacerbada oposición aprista y la reacción antiaprista. Saldías propuso poner fuera de la ley al aprismo, lo que fue rechazado por Bustamante; en respuesta, Saldías y su gabinete renunciaron en junio de 1948. Le sucedió el gabinete presidido por Armando Revoredo Iglesias, que fue el último del gobierno.

El 7 de julio de 1948 estalló la sublevación antiaprista del comandante Alfonso Llosa G. P., en Juliaca, que fracasó, pero fue un signo del malestar de los altos mandos militares quienes consideraban débil la actuación del presidente frente a los apristas, quienes llegaron a cometer acciones terroristas en diversos lugares del país.

A fin de dar solución al problema planteado en el Congreso por el receso o el ausentismo de los parlamentarios, José Luis Bustamante y Rivero propuso, en julio de 1948, la convocatoria a un Congreso Constituyente integrado por los congresistas electos en 1945 y un número adicional elegido por lista incompleta y en distrito electoral único. Este proyecto no se concretó, pues poco después se produjo el golpe de estado de Manuel A. Odría.

No obstante la aguda crisis política, el gobierno de Bustamante se caracterizó por su tendencia a afianzar la democracia política y por un amplio goce de las libertades públicas. Fueron en realidad «tres años de lucha por la democracia en el Perú» como se titula una de sus obras escritas.

Crisis económica-social

En el aspecto económico se produjeron serias dificultades. La inflación crecía y los salarios perdían su poder adquisitivo. Continuó la escasez de productos de primera necesidad, que solo podían obtenerse en los «estanquillos» si se presentaba el carné de militante aprista. Se hacían colas desde tempranas horas de la madrugada para poder adquirir aceite, arroz y otros productos de primera necesidad.

Frente al malestar social, que se manifestó en huelgas, José Luis Bustamante y Rivero aplicó una política de asistencia social, de inspiración aprista. Por ejemplo, subsidió los productos de primera necesidad, es decir importó alimentos para venderlos directamente al consumidor a precios más bajos de los normales. Esto solo produjo especulación y la inevitable corrupción. Todo lo cual significó un peligroso crecimiento del gasto público, sin ampliarse la recaudación tributaria. Otras medidas aplicadas por José Luis Bustamante y Rivero, como el control de cambios y los controles de precios, no variaron la aguda situación.

Por su parte, los exportadores (el famoso «clan exportador» de oro, algodón, lana, arroz y azúcar) reclamaron la eliminación total del control de cambios y de la restricción de las importaciones, que les afectaba directamente a los bolsillos; al ver frustrados sus deseos, tramaron el golpe de estado con los militares.

Derrocamiento

En junio de 1948, Manuel Arturo Odría Amoretti, junto con el resto del gabinete militar y otros elementos de la derecha, insistieron al Presidente José Luis Bustamante y Rivero para que pusiera fuera de la ley al APRA, clausurara sus locales y periódicos, encarcelara o desterrara a sus líderes. Como el presidente rehusó a tal exigencia, el gabinete en pleno dimitió. Quedó planteada así la crisis política, entre el gobierno y los militares.

Estos, alentados por el sector agro-minero exportador, opuesto al control de cambios aplicado por José Luis Bustamante y Rivero, tramaron dar un golpe de Estado, mientras que los apristas planeaban otro golpe propio.

Elementos del ala izquierda aprista fomentaron la rebelión de la marinería en el Callao, que fue aplastada sangrientamente (3 de octubre de 1948). Bustamante puso fuera de la ley al partido aprista, pero ya era muy tarde.

El 27 de octubre de 1948, Manuel A. Odría, a la cabeza de la guarnición de Arequipa, se levantó en contra del gobierno, proclamando una «Revolución Restauradora». Otras guarniciones importantes, como la del Cusco, dudaron en plegarse, pero el triunfo del movimiento se decidió cuando la guarnición de Lima, al mando del general Zenón Noriega se sumó a OdríaJosé Luis Bustamante y Rivero, que se negó a renunciar, fue trasladado a la fuerza al aeropuerto de Limatambo y subido en un avión con destino a Buenos Aires, Argentina.

José Luis Bustamante y Rivero declaró posteriormente que el fin de la democracia fue causado por el bloqueo que su gobierno sufrió por parte de un partido como el aprista, demagógico y hegemonista, así como de parte de una oligarquía feudal y reaccionaria.

Retorno de José Luis Bustamante y Rivero al Perú

Durante el exilio, José Luis Bustamante y Rivero residió en Buenos Aires, Madrid y París. Siete años después, todavía bajo la dictadura de Odría, retornó al Perú, el 9 de febrero de 1956, lo que constituyó un gran acontecimiento. Se pensó que postularía a la presidencia en las elecciones de ese mismo año, pero declinó tal honor, dedicándose exclusivamente a la vida intelectual y a su labor profesional.

En 1956 fue incorporado a la Academia Peruana de la Lengua, y su discurso de orden se tituló «Estudio histórico-crítico del lenguaje y de la obra de Francisco García Calderón», correspondiendo a Aurelio Miró Quesada Sosa la respuesta a nombre de la academia. Dicho ensayo fue impreso en 1959.

En 1960 fue electo decano del Colegio de Abogados de Lima. En 1961 fue designado miembro de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, de la que fue presidente de 1967 a 1969. En 1968 fue incorporado a la Academia Nacional de la Historia, ocupando la plaza dejada por Luis Antonio Eguiguren.

Gracias a su prestigio internacional fue designado mediador en el conflicto fronterizo entre El Salvador y Honduras agravado tras la llamada Guerra del Fútbol. Este proceso culminó con la firma del tratado general de paz el 30 de octubre de 1980 en Lima.

Fue galardonado con las Palmas Magisteriales en el grado de Amauta, en 1981. Ese mismo año fue designado presidente del Consejo Superior del Instituto de Cooperación Iberoamericana. Y finalmente, de 1980 a 1989 fue senador vitalicio de la República Peruana en su calidad de ex presidente constitucional, de acuerdo a lo establecido en la Constitución de 1979.

José Luis Bustamante y Rivero murió en Lima en el Hospital Militar a las 13:40 del 11 de enero de 1989, pocos días antes de cumplir 95 años de edad. Gobernaba entonces en el Perú Alan García, primer y único presidente aprista de la historia.

Sus restos descansan en el Cementerio Municipal de Surquillo.

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